martes, 27 de mayo de 2014

Tiempos de cambios, tiempos de alianzas


Las dinámicas electorales se rigen mayoritariamente por las reglas de la competición de marcas,  en la que priman dos estrategias: señalar los defectos de los más directos competidores y resaltar las propias virtudes. Lo cual tiene la  lógica de vender un producto al posible consumidor,  pero también el componente irracional  de insistir sólo en diferenciarse y ocultar tanto las insuficiencias como  las similitudes y las zonas de confluencia.

Hasta el estallido de la crisis el PP y el PSOE, al igual que sus respectivos correligionarios europeos, han monopolizado la disputa del voto útil como “únicos partidos de gobierno”, con el apoyo coyuntural y mutable de la derecha nacionalista periférica. Curiosa y significativamente, esa capacidad de gobierno, es la que se les cuestiona ahora cuando se trata de gestionar la crisis y sobre todo su salida;  ya que se ha evidenciado que actúan como subalternos de poderes económicos elitistas y ajenos al control democrático.  Esa subordinación ha reducido radicalmente, especialmente en el Sur de Europa, la capacidad de diferenciarse en políticas económicas y sociales entre las fuerzas conservadoras y las socialdemócratas. Las principales perjudicadas han sido estas últimas ya que han perdido el carácter de partido de masas y su relación con los sectores populares que daba sentido a su existencia.  Estas son las primeras elecciones europeas en las que un partido a la izquierda de la socialdemocracia gana en una circunscripción nacional: Grecia. Pero igual de significativo es el hundimiento del PS en Francia que en este caso se ha visto acompañado del crecimiento del FN.

En España el PSOE en estas pasadas elecciones europeas no tuvo que competir con el PP y el acostumbrado “y tú más”, sino que su peor detractora ha sido la sombra de la Gran Coalición o sea su incapacidad de diferenciarse de las políticas del austericidio y su propia ausencia de acción opositora. El PSOE se ha visto identificado con el bipartidismo como un todo del que no ha podido ni sabido diferenciarse; como un todo que ha mantenido políticas similares en la creación y mantenimiento de la burbuja del ladrillo y la burbuja financiera, en la posición respecto a la troika, a la banca, a las imposiciones de la Merkel, en la aceptación de los recortes, en la reforma de las condiciones laborales, en la crisis del Estado… 

Los resultados han sido muy negativos para el PP como gobierno y para el PSOE como oposición. Ahora bien el autismo marianista no ha encontrado competidores  más a su derecha mientras que UPD moderaba su auge. Por el contrario en estas elecciones se ha dado el mayor crecimiento de opciones a la izquierda del PSOE: Izquierda Plural, Podemos y Primavera Europea. Ello sin contar los resultados de Bildu y la ambigüedad de Esquerra.

Hay que tomar nota también de la fuerte presencia de la confusión o el apoliticismo primario de la abstención, así como la negatividad egocéntrica de los votos en blanco y nulos.  A buena parte de ellos habrá que recordarles que como afirmaba un twiter: al sistema, por cierto, le da igual que creas en él o no. Funciona sin tu permiso. Abstencionistas: menos ego.... más cabeza.

Sin embargo es indudable que los comicios han dado visibilidad a la modificación de la correlación de fuerzas que se da en la sociedad; han constatado la necesidad y, sobre todo, la posibilidad del cambio.
Con respecto a la crisis del Estado, es muy importante también el mayor número y mayor peso de las fuerzas de izquierda que reconocen la existencia de un problema  y el derecho a decidir como su salida democrática. El tipo de  solución a la crisis de España será muy diferente si se da en un marco democrático con protagonismo de lo social que si no.

Ahora toca seguir avanzando, porque hay que construir más organización social, conseguir más victorias, salvar derechos,  acumular muchas más fuerzas.

Para ello hay que dejar atrás el tiempo de la competencia de marcas, y pasar al de las alianzas, al de saber poner las similitudes sobre la mesa y activar las zonas de confluencia.

Todo ello, claro está si se tiene la ambición y la responsabilidad de ser una alternativa para la mayoría social.


Pepe Gálvez

miércoles, 21 de mayo de 2014

EL 25M SI QUE IMPORTA ¡¡¡Y MUCHO!!!

¿Qué es Europa para la ciudadanía?

¿Que significa en nuestras expectativas vitales?

 ¿Cómo la vemos?

 ¿Es la plasmación del acuerdo social, la consolidación de los derechos de ciudadanía? ¿O bien es el dominio de intereses minoritarios que devalúan la democracia, derogan derechos y empobrecen la vida de la mayoría de sus ciudadanos?

 Pues hoy día es lo uno y lo otro. 

 Europa es escenario y a la vez producto de la confrontación y del acuerdo social. Un acuerdo que ahora es cuestionado y subvertido por el poder de la codicia, el mismo que está en el origen de sus mayores desgracias. 

Un acuerdo que ha venido precedido por episodios bélicos tremendamente trágicos para sus clases populares. El 28 de Julio se cumplirán cien años del inicio de la Iª Guerra Mundial. 

Hace un siglo Europa se convirtió en un horrible campo de batalla, en un escenario de barbaries que además alimentaron en gran parte el monstruo del nazismo. En la batalla del Somme en un día murieron 40.000 soldados británicos y sólo en el último día de la guerra morirían otros 15.000 más.

Este horror nació de la disputa entre imperios en por ampliar o defender sus mercados, su espacio de poder e influencia. Por los intereses de esas oligarquías millones de trabajadores se convirtieron en enemigos para millones de trabajadores, millones de trabajadores mataron a millones de  trabajadores  bajo las banderas de falsos patriotismos.

 La Gran Guerra fue la escenificación de una infame barbarie que el dibujante francés Jacques Tardi ha recreado en La guerra de las trincheras  El soldado Varlot, La última guerra o a Puta guerra. En ellas deja constancia de la capacidad destructiva de unas estructures sociales tremendamente desiguales en las que militares aristócratas planteaban estrategias inútiles amparados en la seguridad de que los que iban a morir, a millares, serían otros.


Páginas de La Guerra en la trincheras de Jacques Tardi.

Ese elitista y antidemocrático desprecio de aristócratas, especuladores financieros y grandes capitalistas por la vida de los de abajo condujo a Europa al abismo, del que no salió hasta la gran movilización popular de después de la IIª Guerra Mundial.

Europa es ahora sinónimo de un proceso de unión contradictorio, en el que conviven la unidad de mercados con la fragmentación política, social y nacional, lo que no estimula la confluencia de identidades e historias, sino que revitaliza egoísmos tribales.

 Los que gobiernan ahora Europa actúan unitariamente para volver a imponer la brutal desigualdad, para propiciar la división del centro y del norte con el Sur y el Este; y con ella a los falsos patriotas. 

El virus tribal de la xenofobia se extiende sobre la pobreza, el paro y la confusión y el miedo ante la gestión de la crisis. Es un virus que infecta a sectores populares que carecen de defensas ideológicas y organizativas, que enfrenta a empobrecidos contra pobres, a los débiles con los que están por debajo de ellos.

Ante la encrucijada económica, social y política europea, no podemos permitirnos el camino fácil de no sentirnos concernidos, ni infantiles ocultamientos bajo las sábanas del absentismo. 

En esta encrucijada o avanzamos hacia un nuevo acuerdo social radicalmente democrático o caeremos en una mayor degradación democrática que generará conflictos cada vez más peligrosos.

En esta encrucijada las elecciones del 25 de Mayo, si importan y mucho.

Pepe Gálvez