martes, 14 de octubre de 2014

Las tarjetas que señalan la otra cara de la luna

Vaya de entrada que, tanto por razones personales como colectivas, este es un post de obligado y doloroso cumplimiento. Y es que aunque la experiencia enseñe a desconfiar de la pureza virginal porque los seres humanos somos una moneda con dos caras: capaces del mas brutal de los egoísmos y de la más generosa solidaridad. Aunque sepamos que el sindicalismo no está libre sino que incorpora  la ganga de inevitables individualismos y gremialismos y hayamos comprobado múltiples veces como el personalismo quiere imponerse al funcionamiento colectivo. Aunque seamos conscientes de todo ello, no nos podemos librar del dolor de la vergüenza ante el asunto de las tarjetas opacas de Caja Madrid, no podemos evitar sentirnos heridos en uno de los puntales de nuestra esencia: la ética de representar los valores del trabajo. 

Cuando vemos en medios escritos o en programas de televisión, hasta en los más cercanos, expuestos los abusos en el uso de unas tarjetas que nunca debieron aceptarse, sentimos rabia. Rabia por la miseria de algunas de esas actuaciones y mucha más rabia por el daño que esos actos han causado y causan a la imagen de Comisiones Obreras. Lo peor de lo sucedido con el uso y el abuso de dichas tarjetas no son los aspectos cutres de los gastos, ni tan siquiera su monto desorbitado, lo peor es que eran representantes de Comisiones Obreras, que estaban en el Consejo de administración para salvaguardar los intereses de los trabajadores de Caja Madrid y los intereses de los trabajadores en la Región de Madrid, que su función y justificación era controlar el poder financiero y que fallaron en el cumplimiento de esas tareas y funciones, cuando no hicieron todo lo contrario.

"Los gestores son los que imponen y controlan a los administradores en contra de lo que exigen los Códigos del Buen Gobierno Corporativo de cualquier parte del mundo Esto hace que las decisiones que toman el presidente y el consejero delegado cuando existe, carezcan de control necesario." Del rojo al negro: los viejos métodos de los poderosos artículo de Mariano Guimdal publicado en Tinta Libre nº18.

Ese incumplimiento abona además la postura del “todos son iguales” que justifica el conformismo social. Pero siempre hay diferencias y siempre hay responsabilidades individuales y colectivas, porque la corrupción no se da sólo por la debilidad humana, por la maldad del corruptor y la debilidad del corrupto, se da sobre todo porque hay condiciones económicas, sociales y políticas que la favorecen o la toleran. Es por eso que no podemos quedarnos mirando el dedo de las tarjetas sino que ver la Luna que señalan y medir y analizar el camino que hay entre uno y otra. 

"La razón de que unas personas puedan ser para otras su paraíso o su infierno radica en el potencial que tenemos para presentarnos como nuestros peores enemigos y también para ser nuestra principal fuente de apoyo, afecto y seguridad". Richard Wilkinson y Kate Pickett en La desigualdad un análisis de la (in) felicidad colectiva.

Comisiones Obreras no es una organización corrupta, todo lo contrario, entre otras cosas por que si lo hubiese sido hubiera saltado por los aires hace tiempo. Lo sucedido en Caja Madrid es grave, muy grave, pero no es un hecho generalizable, ni siquiera en el ámbito de las entidades financieras. Por el contrario ahí están la integridad, la honestidad del conjunto de la organización, la realidad de los centenares de miles de movilizaciones, negociaciones y acuerdos que se realizaron en ese mismo tiempo. Esa realidad, ese acervo permanente, es la que molesta a los poderes, a las castas e incluso a algunos que se dicen anticasta. Buena prueba de ello es la persecución que la el ministerio del interior y la fiscalía han desatado contra centenares de sindicalistas. Prueba de ello es el escaso eco del juicio celebrado el 13 de Octubre en el que se ha pedido 4 años y medio de prisión para Katiana Vicens secretaria general de CCOO en les Illes. Es lógico y hasta necesario que los medios y las redes hayan resaltado y condenado la actitud de los sindicalistas pringados en las tarjetas opacas, pero también resulta elocuente el silencio o escaso seguimiento de una persecución tan arbitraria como dura. Ahora bien, para ser consecuentes con esa realidad de millones de horas de trabaja cotidiano honrado, honesto y comprometido no podemos limitarnos a clarificar lo sucedido y ser duros y justos, con los corruptos, sino que debemos ir más allá y analizar las causas de ese tipo concreto de corrupción, por qué nos ha afectado y que nos toca a hacer para prevenir que no vuelva a suceder.

"Por regla general las empresas financian a los partidos políticos y tratan de malear a los sindicatos y a otras instituciones debilitándolas y poniendo en entredicho el Estado de Derecho." Del rojo al negro: los viejos métodos de los poderosos artículo de Mariano Guimdal publicado en Tinta Libre nº18

Hemos de partir de la premisa que todos somos corruptibles ya sea por egoísmo, ya por desmoralización, ya por oportunismo o también por un mal entendido posibilismo. En la actividad sindical se dan muchas situaciones en las que hay tentaciones o propuestas de corrupción en diferentes grados; siempre las ha habido pero quizás nunca como en los tiempos de auge del neoliberalismo.

Era el 2004, en la prensa habían aparecido informaciones sobre supuestos viajes a EE.UU de María Jesús Paredes, entonces Secretaria General de Comfia nuestra federación de banca, por motivos personales pero pagados por el Banco Santander. Joan Coscubiela, secretario general de Comisiones Obreras de Catalunya, intervino en el Consejo Confederal para pedir explicaciones, y lo hizo desde la perspectiva de la defensa del buen nombre y buen funcionamiento del sindicato. La respuesta de José María Fidalgo fue tan contundente a favor de Paredes como agresiva respecto a Coscubiela. 

Esta negativa a enfrentarse a los hechos, a desvelar un margen de posible connivencia de gente nuestra con el poder financiero pudo ser un error o un criticable gesto de complicidad de Fidalgo, pero lo peor fue el no reconocimiento de la capacidad corruptora de la situación que se vivía y en consecuencia que no se preparase a la organización para enfrentarse a ello.
 
"El neoliberalismo ha provocado en nuestras sociedades una verdadera mutación de identidades. Hasta el mismo Napoleón sería hoy un loco si se atreviese a descansar su mano sobre un botón de su uniforme. Esta locura neoliberal se generalizó en Europa en los años 80 y se cebó desde entonces con particular virulencia en una España falta de solidez democrática, abriendo huecos muy profundos para la corrupción y la quiebra de la personalidad". Un país manicomio artículo de Luis García Montero publicado en Infolibre.

El huevo de esa serpiente se incubó en un entorno de galopante aumento de la desigualdad social, disimulada eso si por el crecimiento económico. La desigualdad es la madre de las grandes corrupciones por la concentración asimétrica del poder que genera: mucho para los de arriba y muy poco para los de abajo. La prepotencia genera inevitables abusos que van seguidos de maniobras para asegurarse la impunidad. Una muestra de esa desigualdad específica que se consolidó entre nosotros en los finales del siglo XX y los inicios del XXI fue el continuo enriquecimiento de las instituciones financieras con una concentración desmesurada de poder en los gestores de esas instituciones. Hay que añadir además el dominio absoluto del PP en la ciudad y región de Madrid que se complementa con una aceptación por pasiva o activa de las fuerzas de izquierda de ese dominio. Cuando la izquierda renuncia a derrotar a la derecha, cuando se acomoda en la condición de subalterno, acaba asumiendo valores que no son suyos y en la práctica deriva hacia el oportunismo o el posibilismo. Todo ello acompañado de, y favorecido por, la hegemonía, de la ideología neoliberal con su consiguiente exaltación de de las elites y la justificación de altísimas remuneraciones para sus miembros. En resumen un escenario de concentración de dinero y de poder que deteriora la democracia y engendra casi inevitablemente corrupción. 

Todo lo anterior nos habla de la necesidad de un fortalecimiento ideológico del sindicato, del continuo ejercicio de memoria sobre nuestros orígenes y valores, pero también de su actualización con el análisis crítico sobre la evolución del capitalismo. Nos habla de la necesidad de proveernos de paraguas e impermeables contra la lluvia fina de los falsos dogmas de la entronización dogmática de la ley del mercado o de la ley del máximo beneficio accionarial, de la excelencia sin límites de la competitividad, de la exclusión de la democracia de la gestión empresarial...?.

Esta dura experiencia evidencia también la necesidad de fortalecer la democracia interna, profundizar en la transparencia, especialmente en todo lo tocante a cuestiones económicas; estimular la participación de la afiliación y fortalecer y ampliar los mecanismos de control. 

Esa es la cara de la luna que señalan las tarjetas opacas más allá del dedo de los errores o de las actitudes fraudulentas individuales.



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