lunes, 17 de noviembre de 2014

Paisaje en medio de la batalla ( Otra lectura del 9N) -Versión en castellano-

El 9N pasó de ser un "plan b" que el “Molt Honorable President” se sacaba de la manga para salvar su papel a una espléndida movilización llena de emotividad, como lo demuestra el abrazo cariñoso de David Fernández de la CUP a Artur Mas de CiU. Bueno, fue eso y también no lo fue, según quién lo haya vivido y contado. No hay duda de que el sector independentista se movilizó, es decir, fue a votar. Hay que decir que el gobierno de Rajoy puso mucho de su parte para impulsar esa participación. Su rotunda cerrazón a negociar, unida a una actitud amenazante pero inoperativa, favoreció la respuesta de los que creen que no hay otra salida que la independencia. Respuesta que, por otra parte, se ha impulsado desde la gran mayoría de las instituciones catalanas como desde los medios de comunicación en una fuerte alianza con una parte de la sociedad civil que ha demostrado un alto grado de organización y de liderazgo. En esas condiciones, la abstención que se produce no puede despacharse con la calificación de simple indiferencia y hay que considerar la falta de convencimiento y el posicionamiento crítico, cuando no negativo respecto a la movilización, como posibles motivaciones. Lo anterior es aun más lógico en ese porcentaje de población que apoya una consulta para decidir el futuro de la relación entre Catalunya y el Estado español pero que no votó, y que puede estar alrededor de un treinta por ciento.  Así, mientras David abrazaba a Artur, en Catalunya se consolidaba una división en dos bloques, tal y como demuestran los datos del artículo de Mario Ríos

Éste sitúa la división alrededor de la lengua, el origen y la identidad, elemento sustanciales en la actual situación, al  tiempo que muestra los límites de la supuesta transversalidad del fenómeno independentista. A todo ello habría que añadir el componente de clase, ya que las zonas geográficas que aparecen con voto diferenciado también se corresponden a status sociales diversos.

Y es que la gran fuerza de la movilización secesionista: un mensaje sencillo y contundente, es también su mayor debilidad a la hora de asentar su hegemonía sobre el conjunto de Catalunya.  Situar la continuidad o no de Catalunya dentro de España como el elemento clave del debate, es decir, como causa y como solución de los graves problemas que vivimos, puede tener las ventajas del mensaje directo, de conectar con la voluntad de cambio y de rechazo al agravio y a la nefasta gestión del gobierno central. Claro está que genera de entrada un rechazo en los sectores más españolistas, pero éste no deja de ser minoritario. Su punto más débil es otro, es ese sector que no enarbola la roja y gualda pero que tampoco se hace suya la estelada, que ha sufrido el deterioro democrático y la pérdida de derechos a manos de una alianza entre PP y CiU en España y Catalunya, que no antepone lo nacional a lo social, que ha padecido la inoperancia de ERC, que no comparte con David las ganas de abrazar a Artur y que no fue a votar por que quiere hacerlo tras un debate democrático y con garantías.

El paisaje que queda después del 9N es, por una parte, el de un  Estado de las autonomías que ya no integra las diferentes naciones que lo componen, y por otra un proyecto secesionista muy fuerte pero cuya hegemonía se encuentra con resistencias cada vez mayores en la propia Catalunya. Por un lado, un gobierno central con nula capacidad de maniobra que parece fiar toda su estrategia al desgaste del independentismo y al desarrollo de las contradicciones de CiU; y muy cerca de él un PSOE que no ha asumido con todas sus consecuencias el final de la fórmula estatal derivada de la LOAPA. Por el otro, tenemos a Convergencia y Esquerra montados sobre la ola independentista pero sin propuestas creíbles de solución.

“Porque ni la mayoría catalana tiene recursos suficientes para imponer su opción a la española, ni ésta última puede doblegar a la catalana y mantener el statu quo sin costes inasumibles para ambas partes”. La metástasis del nacionalismo y el armisticio JOSEP M. VALLÈS El País 14-11-14.

Y, como salida a corto plazo de esta situación de estancamiento, la perspectiva de una elecciones autonómicas anticipadas. Elecciones que podrían generar mayorías parlamentarias que no se correspondan a mayorías de votantes, el voto de una persona del Baix Llobregat vale menos que el de una de la Garrotxa, dato a tener en cuenta cuando se habla de plebiscitos.

Ante este panorama hay que reafirmar que no puede haber una solución eficaz que no se base en la libre decisión de la sociedad catalana sobre su presente y futuro, si quiere tener legitimidad además de legalidad. Además, para que sea operativa esa solución, ha de tener la virtud de distribuir armónicamente los acuerdos y los desacuerdos; es decir, se tiene que construir sobre un consenso ampliamente mayoritario que requerirá de intensas fases de diálogo.


Ahora bien, Catalunya como España no es una sino plural, y algunos no sólo no creemos que ese proceso no debe desligarse de lo que ocurre en el resto del estado sino que estamos convencidos de que contra más avance el proceso de renovación y regeneración democrática en el conjunto de España habrá más posibilidades de ejercer con normalidad el derecho de autodeterminación. También estamos convencidos de que el grado de consenso necesario en la sociedad catalana no se puede alcanzar si no hay cohesión social, es decir, si no se revierten las políticas austericidas y se pone en primer lugar las personas y sus derechos sociales. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario