jueves, 10 de diciembre de 2015

Vacíos electorales que anuncian al tío Paco con la rebaja

Ya estamos en plena campaña electoral y el tratamiento que de ella nos transmiten la gran mayoría de los medios y las redes, especialmente en el uso y abuso de las encuestas, nos recuerda cada vez más a la prensa del corazón.
¿Después del 20D?
Sufrimos el dominio de la política espectáculo, de la subordinación a la frase, al gesto generador de titulares o a la situación que produce morbo. Así, el instante inmediato se impone, en las noticias y artículos, como una capa de frivolidad que enmascara la gravedad de lo que nos espera tras el 20D. Pero ahí está la Comisión Europea que, al reclamar una nueva reforma laboral, nos manada un recado de quién manda, o mejor dicho quién está más cerca del que de verdad manda, o sea del poder económico. Es la misma Comisión Europea que guarda silencio discreto y cómplice respecto de los presupuestos electoralistas del PP; la que calla sobre su presunto incumplimiento de las normas de estabilidad, esas que ella ha convertido en dogma de obligado cumplimiento. De todos modos, hay que agradecerles que nos recuerden dónde estamos y que nos espera. Estamos inmersos en la crisis sin esperanza de salir a corto plazo y nos amenaza la aplicación de nuevos recortes en nombre de la falsa austeridad, que sigue siendo el peligro más grande para el bienestar y los derechos de la mayoría de los votantes. Sin embargo, en la campaña electoral apenas se habla de cómo enfrentar ese futuro próximo, y mucho menos de cómo neutralizar la política económica dominante. Las escasas referencias a la necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo económico, se llenan de neutros lugares comunes: educación, investigación… No mejora mucho la cosa con la nueva izquierda,  Xavier Doménech, por ejemplo sólo añade unas insuficientes notas diferenciadoras: ecología y economía social. De este modo, se conforma un relato ficticio que nos promete mejorar de nuestra sin tener que superar duros conflictos de intereses, sin enfrentamientos con el poder económico y sin la vieja, pero permanente, lucha de clases. Con ello, se desdramatizan las elecciones y hasta es posible que se atraigan a más votantes, pero también que se generen posteriormente, en enero sin ir más lejos, más decepciones y confusión. Y no estamos muy sobrados de claridad, como evidencia el alto porcentaje de indecisos con el que el CIS dice que se inicia la campaña indicador de una  sociedad, consciente de vivir una situación insostenible pero sin tener claro ni el diagnóstico ni las medidas para salir de ella.  
La invisibilidad del trabajo
Otra gran zona de sombra electoral, es la que se proyecta sobre el mundo del trabajo. Si fuéramos alienígenas recién aterrizados en nuestra sociedad y nos guiáramos por los debates y la campaña electoral y como (no) tratan los problemas laborales. sacaríamos la sensación de que aquí, la gente o vive de rentas o vive feliz con su trabajo. La realidad es muy otra: ni paraíso laboral ni natación en la abundancia sino pobreza y malestar crecientes. La bajada de salarios ha sido general y sólo se han salvado de ella sectores minoritarios, el desempleo se extiende casi a la misma velocidad que el trabajo precario y las pensiones y los servicios básicos se han encarecido mientras la desigualdad  no sólo aumentaba sino que lo hace de forma muy ostentosa. Añadamos, que las pensiones, que se han convertido en el principal sustento de las redes de solidaridad familiar, se ven amenazadas por la triple amenaza de la gestión depredadora del PP, la codicia de la Banca y la precariedad que genera el actual modelo económico. Todo ello fruto de una política económica concreta y de una ofensiva política y legislativa claramente orientada a debilitar el poder sindical, la negociación colectiva y los derechos de las personas que viven de su trabajo, no del de los demás.
Hay alternativa
La continuidad o no del actual modelo económico y la centralidad o no del mundo del trabajo son dos aspectos de otra disyuntiva: Avanzar en democracia económica o retroceder en libertades y derechos. El hecho de que esos dos temas tan centrales aparezcan sólo de forma colateral en los debates supuestamente decisivos, junto con la ausencia de la alternativa política que se posiciona más claramente en contra del status dominante, es un claro indicativo de por donde van los designios del poder económico: asegurar la continuidad en lo esencial mediante retoques en lo accesorio. Lo contrario que debe plantearse cualquier opción que quiera representar y defender los intereses de la mayoría de nuestra sociedad que ha de ser: atender las necesidades urgentes con medidas que impliquen cambios de fondo en la estructura y las relaciones de poder de la economía. Desde esta perspectiva hay que convertir la campaña en una movilización para conseguir que el escenario político conformado el 21D sea lo menos favorable a los intereses del Ibex35. Lo que se traduce en dos objetivos complementarios: que la suma de votos y diputados de PSOE, Podemos, Coaliciones de izquierda e IU sea superior a la de PP y Cs y que Izquierda Unida resista el embate de enemigos y “amigos”  y mantenga suficiente capacidad de intervención.

(publicado originalmente en Nueva Tribuna)

viernes, 20 de noviembre de 2015

40 años son muchos pero no suficientes para olvidar

Hace 40 años que murió Franco y esta sociedad aún no se ha enfrentado plenamente a la realidad de haber vivido otros 40 años bajo su dictadura con su inevitable herencia.  La memoria de lo que fue el franquismo sigue siendo una batalla a ganar por y para la democracia. Es por ello que recupero este cuento publicado originalmente en la revista 2 veces breve sobre el terror de la tortura que practicó especialmente la Brigada Político Social sobre las personas que nos oponíamos a ella.



Ilustración de Alfons López


NO QUERÍA CERRAR LOS OJOS

Estaba ahí otra vez, tan real como el dolor físico y tan incontrolable como una pesadilla. No hacía nada, o eso me parecía, que totalmente vencido por el cansancio había cerrado los ojos otra vez, cuando sentía como de nuevo se abría un agujero frío en mi estómago. Era, o así lo veía con la mirada del duermevela angustiado, un pájaro negro, del tamaño de una corneja, que me devoraba con su pico. Sus mordiscos clavaban en mi cuerpo inyecciones de falso vacío que envolvían mis terminales nerviosas con un ácido corrosivo. Enseguida, sus alas se convertían en una capa de, por lo menos, mil medusas ardientes que envolvían mi piel, y que nadaban por debajo de ella a través de un líquido espeso que había sustituido a mis huesos, músculos y órganos. En apenas unos segundos esa masa se convertía en una opresión física que llegaba hasta mi cerebro, y entonces estallaba con claridad el graznido del miedo. Ese miedo que había estado agazapado durante las largas horas anteriores, que había aceptado mi control, pero que ahora en lo que eran tan sólo los primeros escarceos de un ansiado sueño, se liberaba violentamente como un elemento químico que reaccionaba incontroladamente al contactar con el dolor de mi estómago machacado. De esa alquimia surgía la vaga imagen del ave que mutaba de forma bajo el influjo de los recuerdos del día pasado y la amenaza del venidero. En la penumbra de aquella habitación desnuda, tan llena de soledad como de desamparo sentía su torpe aleteo sobre mí, cada vez más cerca, cada vez más agobiante, dueño ya de mis sentidos y cada vez más dentro de mi mente.

En mi torpe consciencia sabía que debía enfrentarme  al pequeño monstruo alado, no sólo alejarlo de mí, o no sólo huir, sino apresarlo y destruirlo y así impedir que volviera a salir de su escondrijo. Ya lo había intentado las otras veces, pero al hacerlo me despertaba y el aprovechaba la ocasión para ocultarse detrás de la aparente claridad que descubría el gesto de abrir mis ojos. Una mirada que sólo encontraba paredes apenas vestidas con una pintura blanca, ensuciada por el tiempo y que la penumbra convertía en gris, el suelo de cemento y el banco de piedra sobre el que me había echado. No había nada más aparte de la puerta, de esa plancha metálica que se convertía en el símbolo de mi encierro, de mi privación de libertad y también, mísera paradoja, de, una tan absurda como frágil, protección. Al cerrarse me había devuelto un espacio de seguridad y de privacidad, aire para respirar, tiempo para recogerme sobre mi mismo, silencio para escuchar mi soledad. No había más, en aquella habitación en la que, comprobaría más adelante, la luz indirecta mantenía el mismo tono vespertino las veinticuatro horas del día. Claro que el día y la noche sólo existían en mi pasado y en el presente de los que vivían en ese otro mundo, al que había pertenecido hasta hacía unas horas y del que me separaban apenas unos metros y muchos muros y barreras que me parecían y eran insalvables. Lo más triste es que ni siquiera me planteaba el regreso a él, me sabía excluido y sólo me preocupaba la inmediatez de resistir en éste. Lo de menos era el dolor de las heridas en las muñecas, o el que no paraba de nacer en los castigados músculos de las piernas, al borde de la contractura, o las sucesivas capas de morado , cada vez más denso y oscuro que cubrían mi estomago. Lo peor era que sabía que en cualquier momento se podía abrir la puerta, lo peor era que yo mismo era una puerta abierta a lo que entonces más temía y más daño podía hacerme: el miedo. Miedo a la violencia, al sufrimiento, al acoso y a la propia debilidad. El miedo, más que el dolor, era el que alimentaba el monstruo que me impedía llegar a la dimensión en la que el sueño es descanso y que me asaltaba una y otra vez con fiereza de pirata que no concede ni tregua ni perdón. Pero los monstruos de la oscuridad no son sino caricaturas que se forman cuando al cerrar los ojos recomponemos sin querer las líneas que nuestros actos han trazado. No pensaba, no quería recordar todo lo que había empezado con la primera bofetada. El golpe seco, dado con gratuidad, con prepotencia fría calculada para convertirla en aviso, en mensaje de desamparo: estás a nuestra merced, no nos cuesta nada pegarte, maltratarte, es fácil, ¿ves?, y se puede repetir las veces que sea necesario, has de comprender que no tienes nada que hacer. No te hagas ilusiones de que vas a aguantar, de que no vas a decir lo que queremos. Si es necesario te machacaremos, pero no a lo bruto, si, es cierto que hay alguno de nosotros que disfruta con esto, tampoco va mal dejar suelto al sádico. ¡Como os asustáis cuando veis sus ojos brillando con una exaltación incontrolable!. Luego os tragáis más fácilmente lo del poli bueno. ¿Quieres un café con leche?, ¿no?, ¿otra cosa?, seguro que no os creéis nuestra amabilidad, pero os agarráis a lo que sea; de eso se trata, de alternar el dolor y el relajamiento, para que cuando empecemos otra vez os haga más daño. No te hagas el duro porque será peor, te pegaremos dos a la vez, o cuatro y cinco en corro, caminarás horas y horas de cuclillas con las manos esposadas por debajo de los muslos, te hundiremos la cabeza debajo del agua de la bañera las veces que sea necesario, hay tiempo, no tenemos prisa, os podemos tener aquí todo el tiempo que nos convenga. Te sentirás sólo, más sólo que nunca, te lo recordaremos cuando hayas bajado otra vez las defensas, cuando te engañes con un espejismo de normalidad y creas que estás hablando tan tranquilamente como lo harías con un conocido, entonces un puñetazo en la espalda no sólo te tirará de la silla sino que te darás de bruces con el miedo, y así todas las veces que queramos. No, no es que esto lo hagamos por ideología, si mañana ganasen los vuestros haríamos lo mismo, porque siempre se necesitará de alguien que guarde el orden, que haga el trabajo sucio. Además sois vosotros los que os lo habéis buscado, quién os manda meteros en estas historias de rojillos, si no vais a ganar nada, si ellos os utilizan, que no veis que vuestros jefes están seguros, viviendo la mar de bien, ¡imbécil!, míralo haciéndose el héroe, no ves que tu s compañeros ya nos han dicho… Y así hasta que mucho tiempo después de que se hiciera de noche mas allá de las ventanas del pasillo por el que me habían llevado hasta la bañera, habían dado por terminada su jornada. Me habían bajado a través de un pequeño laberinto de estrechas escaleras y de pasillos hasta esta celda. Mientras recorría esa mentirosa fuga, los hilos que me tensionaban parecían ceder en su presión, el luchador se merecía un descanso; sólo que ya entonces, disimulado en mi ceguera, me acompañaba el vuelo del ave negra que después me habría de mirar desde el sueño con el reflejo de mi propio espanto.   
            

Pepe Gálvez

miércoles, 18 de noviembre de 2015

París en tiempos de guerras encubiertas

Estos días, París es el escenario de la última representación de la barbarie, como lo fue Madrid el 11 de Marzo del 2004. En ambos casos el terror castiga, con crueldad fanática, a los más débiles por el horror generado por los más poderosos. Disparar indiscriminadamente sobre gente que escuchaba un concierto evidencia no sólo la voluntad de matar indiscriminadamente, sino el objetivo de inocular el veneno del miedo en toda la sociedad francesa y buena parte de la europea. No hay justificación posible, es un crimen horrible que además alimentará una espiral de venganzas y reacciones criminales, y dará aún más fuerzas al odio racista y xenófobo que está ya demasiado presente en Francia y en el conjunto de Europa. 
De golpe la ciudadanía se ve señalada como posible victima de guerras que transcurren a miles de kilómetros, con lo que se evidencia la existencia de un perturbador marco de desorden internacional. Vivimos bajo la amenaza de la ley de la codicia de las elites y oligarquías capitalistas y sin la protección de reglas de juego democráticas internacionales y de instituciones que las hagan cumplir. Las instituciones estatales de ámbito nacional, tienen cada vez menos poder político, su agrupación en el caso europeo parece abocarse al fracaso democrático y las instituciones supranacionales como la ONU son inoperantes ante los desafíos actuales. Mientras sigue aumentando la desigualdad brutal, una gran brecha entre un Norte y un Sur cada vez más próximo por las nuevas tecnologías de la comunicación. Añadamos que en cada país del norte europeo está creciendo un sur social de marginación y exclusión social que en el caso francés tiene claras referencias con el pasado colonialista. A ello se une el declive del imperio americano que ve como sus últimas intervenciones militares directas se han convertido en fracasos políticos.
De modo que la historia de la infamia universal no se ha acabado con el hundimiento del bloque de la URSS, sino que se ha agravado al incrementarse el número de estados en ruinas, de sociedades destrozadas por la guerra o por la devastación económica. Todo el Oriente Próximo y el Magreb es una muestra de ese desorden que nos desgobierna. El status occidental se apoya en dictaduras más o menos encubiertas, monarquías con prácticas feudales, y regímenes de apariencia democrática pero corroídos por la corrupción o por el autoritarismo al tiempo mantiene la espiral destructiva de la política israelí. Así, al derrumbe de Afganistan e Irak hay que unir el de Siria y Yemen, la eterna agonía del Líbano, el hundimiento continuo de Palestina, la degradación de Pakistán... Mientras, las cloacas de los servicios secretos han fomentado, con la colaboración del dinero de Arabia Saudita, Quatar, Turquía…  el fundamentalismo islámico que ha devenido en terrorismo global bajo las marcas de Al Quaeda o del Estado Islámico.
Mientras permanezca esa situación de catástrofe, el peligro de acciones  terroristas, indiscriminadas o no, se mantendrá. Ante este peligro vale la pena recordar que tras el 11M el pueblo español reaccionó con prudencia y sabiduría, rechazó el salvaje atentado sin paliativo pero estableció una clara relación de causa con la guerra de Irak. No se puede, sin caer en la demagogia, aislar el atentado de Paris o la matanza del año pasado de Charlie Hebdo, de la barbarie cotidiana instalada en Afganistán, Irak, Siria, Yemen, de la ocupación de Palestina de la ausencia de derechos sociales y políticos en toda la región. No se puede limitar lo sucedido a una guerra no declarada del Estado Islámico, en todo caso es parte de un entramado de guerras, es un exponente del fracaso de la política internacional de Europa, Rusia, U.S.A., Arabia Saudita. No hay escudos militares o represivos que puedan aislar a las sociedades occidentales y especialmente a las europeas de acciones de grupos armados, que en el desarrollo de esos conflictos bélicos han adquirido capacidades técnicas y organizativas y cuentan con apoyo financiero para exportar su acción criminal.
El desorden de los poderosos es la fuente de nuestra inseguridad, la de la ciudadanía que viaja en tren, o en metro que trabaja en una revista, que va al fútbol, a un concierto o a un bar  Desde la izquierda, desde la legitimidad del dolor por nuestros muertos, exigimos la seguridad de la paz, la que nace del equilibrio social y el desarrollo democrático. Es no sólo necesario sino ya urgente consolidar una izquierda europea con una política internacional diferenciada y operativa, con capacidad de convertir la solidaridad, con el Sur del Mediterráneo y el Próximo Oriente, en alianzas que desarrollen propuestas políticas, movilizaciones y alternativas de poder.
(publicado originalmente en Nueva Tribuna)

martes, 20 de octubre de 2015

La encrucijada política del sindicalismo

Lo que los medios no cuentan
Pocos sujetos sociales son despachados con tantos lugares comunes y dosis de superficialidad en los medios de comunicación como el sindicalismo en España. No en vano en el ámbito de la información sobre la economía se ha dado en nuestro pasado reciente todo un proceso de marginación y subordinación del Trabajo respecto al Capital. Así, hemos visto desaparecer la sección de laboral de la prensa escrita y de la mayoría de los medios audiovisuales, al tiempo que  la sección de economía se convertía en un noticiario al servicio de los intereses empresariales; no deja de ser significativo que en el diario Público se titulase Dinero. Añadamos a ello que en el campo académico el “pensamiento” económico se ha aliado, o sometido, mayoritariamente al dogma neoliberal.  Por eso, el uso en los medios el ya manido y desgastado lugar común de que el sindicalismo está desprestigiado, tiene mucho de sangrante cinismo. Pero lo más grave es que se sigue distorsionando la realidad, reflejando sólo una parte de ella  y quedándose en la mera superficie. Lo que es lógico porque hay muy pocos  periodistas que conozcan el mundo del trabajo, que, por ejemplo, informen con conocimiento del largo y extenso proceso electoral en el que el sindicalismo de clase y confederal se sigue legitimando. Es una legitimación parcial pero real y que cuestiona visiones simplistas o interesadas al servicio de su amo. Y es que el retroceso del sindicalismo no se ha producido esencialmente en las fábricas, empresas o administraciones sino en el campo del poder político y económico, y especialmente en el terreno del desarrollo de la democracia en la economía.
La regresión gremialista
Es cierto que el sindicalismo está ante una encrucijada en la que todo lo que no sea avances cualitativos son retrocesos fatales que ponen en cuestión su función y por lo tanto su existencia.  Aunque algunos descerebrados neoliberales y muchos de nuestros listillos empresarios suspiran por la eliminación de los sindicatos, saben que la negociación individual es una distopía, sólo realizable  en aisladas situaciones con condiciones excepcionales. Lo que quieren de verdad es un sindicalismo fragmentado, de empresa, gremialista, por lo tanto débil socialmente  e incapaz de plantear alternativas generales, incapaz de defender al conjunto de intereses de las personas que viven o deberían vivir de su trabajo. La apuesta de la contrarreforma laboral y gran parte del empresariado es la de estimular la dinámica reivindicativa parcial. El sindicalismo vive instalado continuamente sobre la tensión entre lo individual y lo colectivo. Sus afiliados y sus representados demandan servicios o actuaciones en defensa de unos intereses que se expresan en una primera instancia en el “ y de lo mío qué” o sea en demandas particulares, individuales o de colectivo gremial, sin embargo son las conquistas generales las que garantizan atender a medio y largo plazo esas demandas específicas. La reivindicación individual o gremial no cuestiona el poder empresarial, la organización del trabajo, la orientación económica, las consecuencias ambientales y sociales del producto o servicio prestado; sólo reclama una mayor parte del pastel a repartir para sí o para su colectivo. Ahora bien, el sindicalismo confederal, no puede derrotar al sindicalismo gremialista sólo con buenas palabras y lucha ideológica, ni tampoco compitiendo en su mismo terreno y con sus mismas armas,  sino afirmando en la práctica sus ventajas, es decir con conquistas de beneficios generales y recuperando capacidad de interlocución, propuesta y poder social.
El agujero negro de la gran desigualdad
En los actos que se han realizado en Catalunya  para conmemorar el cincuentenario de la Asamblea fundacional de CCOO celebrada en la Parroquia de Sant Medir de Barcelona, se ha destacado la ligazón entre la reivindicación laboral concreta y la apuesta política por un marco de libertades como una característica fundamental de la organización en aquellos años. La mejora de las condiciones laborales necesitaba de un marco democrático para realizarse, necesitaba de cambios políticos para que el Trabajo pudiera enfrentarse al capital en condiciones más igualitarias. Por ello Comisiones fue un elemento esencial en la movilización popular antifranquista, la persistencia y extensión de sus luchas contribuyeron a invalidar a la Dictadura como marco político, incluso para los intereses oligárquicos. Otra cosa es quién se llevó el gato al agua en la dirección del proceso de la transición.  Pero aún así el sindicalismo confederal siguió movilizando y presionando por conquistas de derechos en el ámbito político-legislativoque afectan a derechos laborales como  el Estatuto de los trabajadores o el Estatuto de los empleados públicos pero también a derechos sociales como el sistema de la sanidad pública o la previsión social. Conquistas que ahora son claves para evitar una catástrofe social en la actual situación. Sin embargo, estas conquistas se consiguen cuando a nivel europeo y norteamericano se está dando un proceso en sentido contrario. Es el proceso hacia la desigualdad de la gran divergencia, o sea, la reversión de la evolución hacia la igualdad que se había producido después del New Deal estadounidense y la II Guerra Mundial. Este proceso descrito por Josep Fontana en Por el bien del imperio, se inicia  con el Memorando confidencial: ataque al sistema americano de libre Empresa de Lewis Powell de 23/8/1971, un auténtico programa de actuación para el poder empresarial que explicita una estrategia para recuperar la iniciativa hegemónica, como explicita el siguiente párrafo:
Pero no se debe posponer la acción política más directa, a la espera de que el cambio gradual en la opinión pública se efectúe a través de la educación y la información. El mundo empresarial debe aprender una lección aprendida hace mucho tiempo por los trabajadores y otros grupos de presión. La lección es que el poder político es necesario; que ese poder debe ser cultivado con perseverancia, y que, cuando sea necesario, se debe usar con agresividad y determinación –sin vergüenza y sin la renuencia que ha sido tan característica del mundo empresarial estadounidense.

Desregulación versus control
Una estrategia que primero ha neutralizado la influencia política que habían alcanzado las organizaciones de la clase obrera y después ha subordinado las instituciones democráticas al poder de las grandes corporaciones y en especial de la oligarquía multinacional financiera. Con ello se ha consumado la desnaturalización de la democracia, se han consolidado órganos de poder ajenos, explícita o implícitamente, al control democrático de los ciudadanos.
Este proceso degenerativo se ha manifestado en, o se ha visto favorecido por, la evolución-involución de las fuerzas políticas que representaban los intereses de la clase obrera en las instituciones.  La socialdemocracia  ha autoreducido drásticamente su capacidad de reforma y su, de natural limitada,  autonomía respecto al Capital; mientras que los herederos del comunismo no han sabido articular una alternativa radical y creíble al capitalismo. Otra manifestación del mismo fenómeno es que la llamada nueva política en gran parte ignora, cuando no oculta intencionadamente bajo el disfraz de la ciudadanía, la problemática del mundo del trabajo, que a pesar de todo  afecta a la mayoría de la sociedad.

Una estrategia que se ha dirigido claramente a consagrar la subordinación del trabajo al capital, y a hacerlo por medio de la desregulación, desregulación nacional e internacional del capital financiero, desregulación medioambiental, desregulación laboral, reducción contínua de la capacidad de intervenir la sociedad en los mercados y especialmente en el financiero. Y es que la única forma de embridar y limitar el poder del capital es regularlo, es construir poder alternativo que lo controle. Significativamente, la pérdida de derechos de la mayoría es fruto del mismo proceso por el que se liberan de deberes a la minoría dominante. La orgía de productos financieros opacos y fraudulentos se ha producido en escenarios de dominio del capital financiero, de deterioro global de condiciones laborales, de globalización comercial, de deslocalización,  de sumisión del poder político a los designios del poder económico…La subordinación del Trabajo al Capital, es la subordinación de los derechos laborales a los beneficios del empresariado y de los derechos sociales a los beneficios de las elites financiero-especulativas.
Resistir no siempre es vencer
En ese contexto la continua actividad sindical, más o menos acertada, en las empresas o en las ramas productivas o de servicios se ha visto a largo plazo mediatizada por las condiciones generales adversas y por el hecho de que los centros de decisión están alejados de su capacidad de presión. El mismo diálogo social ha sido subvertido desde la parte empresarial que ha optado por la imposición y utilizado el poder político con agresividad para impulsar contrarreformas laborales que extiendan la miseria en la sociedad, reduzcan progresivamente el poder sindical e incrementen la subordinación del Trabajo al Capital.
El sindicalismo debe debatir si no ha pecado de aceptación acrítica de ciertos modelos empresariales, especialmente los financieros, o ciertos valores como el de la competitividad, que si bien han permitido durante cierto tiempo altos niveles salariales han derivado a la larga en grandes pérdidas de empleo.  Pero este debate se inscribe en uno más amplio de cómo combatir la subordinación que trata de imponer el Capital. En este sentido, sin obviar la conveniencia del diálogo con aquellas posiciones críticas que están realizadas desde el conocimiento o la necesidad de la urgente autocrítica y consecuente renovación organizativa, hay que insistir en que el problema reside en la esfera política, en la relación de los sindicatos con el poder. La misma alternativa a la precarización solo puede inscribirse en una alternativa sociopolítica con salarios mínimos dignos, regulación contractual, protección y garantía social y otro modelo de desarrollo económico.
Por todo ello el sindicalismo confederal y especialmente Comisiones Obreras debe pasar a la contraofensiva  a medio y largo plazo en el terreno del pensamiento y a corto plazo en el de la información y la acción política. Necesitamos una estrategia de alianzas con parte del mundo académico que potencie el pensamiento crítico, pero necesitamos ya recuperar espacio, capacidade incidencia política. Necesitamos situar el trabajo, las relaciones laborales, el modelo empresarial, la democracia en la empresa, la democracia en la economía, la reforma fiscal,  los derechos sociales y los servicios públicoscomo parte esencial del proceso de cambio que esta sociedad debe realizar, proceso que no será ni corto ni sencillo, ni fácil. Necesitamos una politización del conjunto del sindicatodesde y en la autonomía de la gestión del conflicto social. Autonomía que aunque no es equidistancia es lo contrario a seguidismo, porque significa tener capacidad para, desde nuestras potencialidades y limitaciones, dar solución política a la actual configuración del conflicto social, y saber hacerlo conla determinación y agresividad que recomendaba Lewis Powell a los empresarios, aunque no con la sinvergonzonería que practican muchos de ellos.
Somos parte fundamental, decisiva, de la izquierda social y por ello debemos ser parte esencial del necesario giro político a la izquierda de esta sociedad para dar urgentes  respuestas sociales para los más débiles y realizar un cambio democrático radical en la política, la economía y lo social. En este sentido nuestro horizonte a corto y medio plazo, por lo menos, viene marcado por la adecuación y recuperación clara, sin aditivos populistas, del significado político del concepto de izquierdas así como por la estrategia unitaria. Las tareas a emprender y los adversarios a convencer y enemigos a batir son tantas y de tal envergadura que la fragmentación actual, es tan infantil como suicida.

Vivimos tiempos inciertos pero también apasionantes y hemos de actuar con el protagonismo que nos corresponde.

(publicado originalmente en Perspectiva)

Pepe Gálvez

martes, 6 de octubre de 2015

Catalunya: Ni contigo, ni sin ti

El resultado electoral de los últimos comicios autonómicos de Catalunya no ha resuelto para nada el nudo gordiano catalán. Después de una campaña agitada por una épica de grandes ofertas comerciales, simbolizadas por el slogan de Junts pel Si (JPS): El vot de la teva vida, y consiguientes reacciones, las cosas siguen como estaban o aún más indefinidas. Hay que reconocer que Artur Más es especialista en convocar elecciones decisivas que no deciden nada, salvo su propia supervivencia política y la amnesia sobre sus fracasos como gobernante. El caso es que la polarización, entre el Si y el No a una supuesta independencia, nos ha conducido a una situación de empantanamiento político, y ha hecho mucho por consolidar la división de la sociedad catalana en dos bloques diferenciados.
Es cierto que el independentismo ha demostrado tener más capacidad de movilización, pero también ha evidenciado su limitada de penetración en los núcleos urbanos  especialmente en el área metropolitano, y ha provocado la movilización electoral contraria de importantes sectores. No deja de ser una curiosa forma de consolidar y desarrollar un proceso soberanista, la de fragmentar en dos mitades la nación que se quiere emancipar,.
En el otro bando el gran ascenso de Ciutadans, ha respaldado a la opción simétricamente opuesta, la que se alimenta de anatematizar al independentismo y que no presenta propuestas integradoras en la sociedad catalana. Esta opción, por otra parte roza el límite de sus expectativas electorales catalanas. Albert Ribera, y su muchachada Loewe,  lo tienen crudo para crecer en la Catalunya interior y sus propuestas socio-económicas tampoco le van atraer más votos, más bien al contrario, de los conseguidos en las zonas urbanas. En todo caso, está claro que aunque se expresen con menos acritud y casposidad que el PP, se trata sólo del uso de diferente champú. Su origen está en la reacción españolista de sectores de las clases medias catalanas frente al ascenso del catalanismo, por ello son parte del problema no de la solución.  
Aquí, vale la pena recordar que CDC y Ciutadans coinciden en lo esencial su modelo social y económico como ejemplifica el hecho de que compartan grupo en el parlamento europeo. Esta coincidencia entre posible gobierno y oposición explica que las patronales ya se han definido por un gobierno de continuidad de Artur Más, saben que sus intereses están bien defendidos y que por ahora son los ganadores reales de las elecciones.
En resumen, que todo hace temer que esta situación pantanosa se prolongue si las elecciones legislativas estatales no generan una cambio de escenario significativo.
Cuando teníamos la respuesta, nos cambiaron la pregunta
La izquierda ha sido la derrotada de estos comicios, tanto por la perdida en el total de diputados como sobre todo porque la derecha se ha consolidado como referente en una situación en la que se mueve muy bien.
En el último barómetro del CEO, a la pregunta: “¿Qué cree que tiene más importancia a la hora de decidir su voto en las próximas elecciones al Parlament de Catalunya?”, un 58,9% de los encuestados respondía “las propuestas de cada partido para dar respuesta a la crisis económica” y solo un 21,1% aseguraba votar en función de “la posición de cada partido en la relación entre Espanya i Catalunya”.  El bombardeo mediático tanto en la fase previa como en la propia campaña electoral han colocado en un segundo nivel la salida a la crisis y las diferentes y enfrentadas posiciones sobre ello. Si en el 2012 la realización de una Huelga General rompió la dinámica prevista por Artur Más y colocó lo social en el centro del debate, en esta ocasión ha sido al revés. La fecha elegida no sólo aseguraba la ausencia de movilizaciones sociales, sino que se aseguraba con la celebración del 11 de Septiembre que la movilización era monopolizada por el tema nacional. En consecuencia se ha reducido sustancialmente, por  deserciones masivas,  ese caladero de votos de gente cansada de un debate pesado y aburrido y con conciencia de la primacía de sus problemas sociales y económicos. Y ello ha perjudicado sobre todo a Catalunya si que es pot (CSQP), que había centrado su campaña en el eje social y en la celebración de un referéndum como salida al problema nacional. Se trataba de evitar, lo que ha sido inevitable, la división entre el Si y el No, de defender una propuesta transversal, de insistir en la democracia y denunciar la trampa de un falso plebiscito. Parece claro que para muchos votantes la posición de CSQP no ha respondido con claridad a sus ilusiones, angustias o miedos; su racionalidad no ha contrarrestado la carga emotiva de la campaña y ha sido interpretada como ambigüedad.
Victorias que pueden ser indigestas
ERC, por su parte, ha difuminado su presencia en Junts pel Si, con lo que ha insistido en su dependencia de CDC y su alejamiento de la izquierda social, y para colmo ha perdido diputados y capacidad de incidencia. Conclusión: un frustrado viaje a Ítaca para el que no hacían falta muchas alforjas. La única izquierda que ha subido ha sido la CUP, que ha acompañado su propuesta independentista con un discurso social opuesto a la política de CDC. Sin embargo su ascenso ha ido por barrios y por zonas, así en las comarcas donde tuvo mejores resultados son el Moianés y El Priorat , o sea en la Catalunya interior, mientras que en Barcelona sus  buenos resultados se dan en barrios de renta media. Por otra parte el hecho de que JPS no haya obtenido una mayoría absoluta y dependan de su voto o de su no voto para gobernar, la ha colocado ante una inevitable tensión interna. Así, Julià de Jodar, parlamentario recién elegido de la CUP, ya ha pedido, en un twiter, superar sectarismos de clase (sic) para apoyar a un Mas perseguido por el Estado. Anna Gabriel,  parlamentaria también de la CUP y referente suya en la pasada campaña, ha creado por su parte un nuevo concepto: la Presidencia coral. Con él se quiere sortear el rechazo a la imagen de un gobierno de coalición con Artur Más que agrupe a la derecha, el centro y la izquierda independentista. Muy seria la propuesta no es, así que en esa misma línea sugiero que aunque los coros están muy arraigados en la cultura catalana, es mejor avanzar hacia una Presidencia sardana, es más “nostrada” y da una imagen aún más colectiva. El resultado, en fin, sitúa al CUP en una tensión entre su relato social y su apuesta nacional que puede limitar, y mucho, su credibilidad en importantes sectores de la izquierda social catalana. 
Una propuesta nacional de izquerdas
Los resultados han dejado constancia de que la izquierda necesita que lo nacional deje de ser un tapón que amortigua u oculta las contradicciones sociales, tanto en el sector independentista como en el españolista. Para ello, además de luchar por colocar lo social en la centralidad del debate ciudadano, además de insistir en la necesidad de negociar y de que se debe decidir democráticamente, hace falta una propuesta con la que enfrentarse a la dicotomía existente. Una propuesta nacional, y de configuración de España, propia, de izquierdas. Una alternativa que ha de ser inclusiva, superar el frentismo nacional que le impide acumular fuerzas y que además fragmenta y enfrenta a sectores sociales que deben ser la base de su  hegemonía. Pero superar quiere decir reconocer e integrar, en gran parte, lo existente; o sea armonizar el soberanismo, los lazos de solidaridad con la España popular y la identidad diversa y mestiza. Tampoco se trata de inventar nada nuevo, el sindicalismo español lo practica desde hace mucho tiempo, se llama Confederación.
(publicado originalmente en Nueva Tribuna)
Pepe Gálvez.

lunes, 14 de septiembre de 2015

El transformista antes conocido como Artur Más

Fue mi primera lección sobre la lucha de clases, me la dio el hermano de mi padre hace muchos, muchos años y no la he olvidado porque sigue teniendo vigencia: No hay peor tonto que un pobre de derechas. Como esta crisis ha empobrecido y amenaza con seguir empobreciendo a todas las personas que viven de su trabajo y no del de los demás, creo que sus palabras se pueden aplicar al conjunto de los currantes: No hay peor tonto que un currante de derechas. Quizás sea por ello que en la última encuesta del CIS en Catalunya un 43,3% de los encuestados se ubican a sí mismos en el espectro más a la izquierda. Y como ese porcentaje sobrepasa en mucho las expectativas de Catalunya si que es pot y la CUP, es lógico concluir que hay una alto porcentaje de confusión o que hay mucha derecha que se camufla, que disimula su condición, o las dos cosas. Confusión y fenómeno transformista que sin duda se ven favorecidos por la polarización alrededor del tema nacional.  Los tambores mediáticos y de las redes cercanos a los gobiernos del PP y de CiU,  al poder financiero, a Ciudadanos que se olvidan de los derechos sociales y a caducos dirigentes de un socialismo que nunca fue insisten en la cuestión nacional como no sólo la principal sino casi la única a dirimir en estos comicios. Y ya anuncian tanto Más como el PP., descubriendo su juego, su intención de convertirlo también en el “leit motiv” de las próximas legislativas. Y es que saben, o creen saber, que ese terreno es el único que les posibilita conservar el protagonismo político y la hegemonía electoral en momentos de progresiva contestación social y política.
La hegemonía del ruido
Sin duda hay contradicciones entre el PP y Convergencia, pero no es sobre el modelo socio económico ni sobre como salir de la crisis: han votado juntos 15 leyes claves, con el apoyo activo o pasivo de Ciudadanos no olvidemos. Por otra parte, y es muy significativo cuando se habla de soberanía, tampoco discrepan sobre el modelo de relaciones internacionales, los tres defienden con pasión el TTIP y compiten por mostrar signos de vasallaje al poder alemán. De modo que si esas tres fuerzas políticas, así como buena parte del PSOE, coinciden en lo esencial, luego las divergencias son secundarias aunque tengan mucha importancia en clave de disputa entre élites políticas o entre sectores de la burguesía. Por eso es lógico que haya mucho ruido en la campaña catalana, está concebida para que el ruido la domine desde el principio, el ruido a favor y en contra de una independencia que nadie explica seriamente como se conseguirá. La disputa de la hegemonía se realiza mediante el ruido, con él se quiere entusiasmar a los propios, amedrentar al adversario y confundir al resto.
La operación quirúrgica de Convergència
A la confusión que genera el efecto polarización nacional, hay que añadir una curiosa operación de transformismo por medio de la cual Más ha conseguido irradiar a una buena parte de la sociedad catalana una fuerte amnesia tanto sobre sus actos de gobierno como de su claro sentido derechista. Hay que señalar que no todo se debe a la habilidad travestistica de Artur Más, sino que las torpezas del ala centralista del PSOE, el PP y el gobierno de Mariano Rajoy  han puesto mucho de su parte. Han colaborado con su casposa y reaccionaria visión de España, que  ha demostrado ser una eficaz fábrica de independentistas. Además, en su ilimitada generosidad, con sus amenazas al actual President de la Generalitat le han regalado un aura de perseguido, que viste mucho. De esta forma y con la inestimable ayuda del Gobierno de Rajoy, Ciudadanos y  otros extras además de la dinámica, nada nueva, de acción-reacción neoliberales recalcitrantes se disfrazan de progresismo y se oculta bajo la alfombra la corrupción arraigada en la derecha catalanista.
Sin embargo la propuesta electoral de Convergencia, ahora transmutada en Junts pel si con ERC en papel de secundario, mantiene sus esencias derechistas y, maquillajes aparte, subordina la reivindicación social a la nacional. Su eje vertebrador es el principio de que la independencia solucionará todos los problemas actuales, obviando, u ocultando, la gravedad del conflicto social y las causas que lo originan. Dicha creencia quiere apoyarse económicamente en la existencia del  supuesto expolio perpetrado  por el estado español a través de las balanzas fiscales o sea de la diferencia entre lo que se aporta y se recibe anualmente del conjunto del Estado. Los números fueron manipulados y más tarde ha sido ampliamente desmentidos, de los supuestos 16.000 millones se han pasado a 3.228 según el mismo Mas-Colell, pero sirvieron, sirven aún, para argumentar que con ese dinero todo solucionado. Hay que señalar que esta línea de argumentación está emparentada con un anterior slogan electoral de Convergencia: La España subsidiada vive a costa de la Catalunya productiva. Muy de izquierdas este pensamiento no es, no, pero como comentaba Joan Coscubiela en un tweet: Es curiosa la lucha anticapitalista de algunos, lo combaten a nivel global y español, pero cuando se trata de Catalunya declaren el armisticio. Así se da  el caso como poco curioso de que en la última encuesta del CIS sólo entre los votantes de CiU y las CUP hay más personas que creen que la situación en Catalunya es más positiva que negativa, o de que el 42,2% de los encuestados votantes de Esquerra hablan de "muy buena o buena" gestión de la Generalitat entre 2012 y 2015 frente al 11,3% que la califican de "mala o muy mala".
La prueba del algodón de la izquierda         
Ante esta conjunción de transformismo y confusión, la primera prueba del algodón de la izquierda sigue siendo la centralidad del conflicto social: propuestas concretas para actuar urgentemente contra la precarización laboral, el empobrecimiento, por la recuperación y desarrollo de derechos sociales. Son medidas perfectamente asumibles en el ámbito catalán y que conectan con cambios más profundos a nivel estatal y sobre todo europeo.
La segunda prueba del algodón es la calidad de la democracia, frenar su degradación; reconocer y hacer efectivo el derecho a estar informados sobre lo que sucede en el ámbito de lo público, limitar la capacidad de intervención de los lobbies empresariales, articular la capacidad de propuesta, intervención y control tanto a nivel individual como colectivo, castigar duramente al corrupto y al corrompido, recuperar la memoria de la lucha contra la dictadura…
Esos dos ejes, el social y el democrático marcan el sesgo diferenciador de la izquierda en el reconocimiento de Catalunya como nación y su relación con España. Sin soberanía social y sin una ampliación continua de la democracia la soberanía política es ficticia,
A diferencia de las derechas que viven del enconamiento, la izquierda necesita y quiere una solución al problema nacional. Una solución no unilateral, porque lo que no puede ser no puede ser y además es imposible y porque o se enmarca en un cambio a nivel de todo el estado o será parcial e insuficiente. Una solución debatida, negociada y votada mayoritariamente en un referéndum sobre una propuesta concreta y en el que el voto de todos los ciudadanos tenga el mismo valor. Y es que lo de las elecciones plebiscitarias es un invento tramposo y antidemocrático que añade al transformismo la condición trilera.
(publicado originalmente en Tribuna Digital)



lunes, 20 de julio de 2015

Europa es la que necesita ser rescatada

Europa es la que necesita ser rescatada

Es el conflicto social ¡estúpido!

La lucha, más que negociación, entre la troika y Grecia ha sido y es la expresión más visible y a la vez más pedagógica del conflicto social que recorre,  no como fantasma sino como dura realidad: la Unión Europea.  Una Unión que se ha mostrado dividida, con grandes fisuras y sin un liderazgo integrador y que cohesione su pluralidad social. Y un conflicto que se ha manifestado en tres elementos claves: la deuda (que siga o no como losa ruinosa), el ahorro y el gasto público (pensiones,  impuestos  y privatizaciones) y los derechos laborales. Tres elementos que definen no solo sobre quién recae el peso de la crisis, sino como se sale de ella y se conforma el modelo social europeo.  Y es que la continuidad de las políticas de falsa austeridad significa una condena clara, no sólo a la sociedad griega sino a  gran parte del sur de Europa, a una degradación social con situaciones de autentica ruina, lo que acabaría afectando también muy negativamente a las clases trabajadoras del centro y del norte de la Unión Europea. Hay que rescatar Europa de los que la han secuestrado: el capital financiero, especialmente el alemán, y sus mamporreros tecnócratas y políticos .

Pánico al ejercicio de la democracia  

Como respuesta a la convocatoria del referéndum en Grecia hemos visto en el FMI, Eurogrupo, en el gobierno Alemán… una exhibición de posiciones y acciones radicalmente antidemocráticas unidas a la extorsión pura y dura realizada por el Banco Central Europeo. Han expuesto su condición de servidores de su señor, su ausencia de ética, su arrogancia  de elite que actúa cual aristocracia aupada sobre una pretendida meritocracia. Instalados en la planta baja de una especie de Olimpo de riquezas desmesuradas, miran desde la altura a la ciudadanía como si fueran hormigas y muestran impúdicamente su casi total ausencia de empatía social. Ellos, que tienen mareada la puerta giratoria entre lo público y lo privado, han coartado con continuas amenazas el ejercicio de la democracia por parte de la sociedad griega. Su agresividad ha evidenciado que no sólo quieren imponer un pensamiento único, sino también un marco único de actuación. Niegan la posibilidad de alternativas a sus políticas económicas y cuando surgen las acosan y ahogan con el fin de anularlas o destruirlas. Esa unicidad que pretenden imponer tiene una claro talante autoritario, utilizan las instituciones para imponer sus propuestas al tiempo que las intentan invalidar como órganos de participación y control ciudadano. Con ello agudizan el ya existente déficit democrático de la Unión Europea y restringen en la práctica el ámbito de la soberanía de las sociedades, aspectos ambos que están muy relacionados. Desde su condición de élite cuestionan la capacidad de la ciudadanía para decidir sobre temas que les afectan tan directamente como la deuda, la política fiscal o los derechos laborales.  "¿Cómo esperas que la gente común entienda de estos complejos asuntos?"le espetó a Varoufakis un miembro del Eurogrupo.  Dado los resultados de la política aplicada por los miembros del Eurogrupo (léase mamporreros del capital financiero), lo que está en cuestión es su capacitación como economistas o en todo caso el uso torticero de sus conocimientos. No hay nada misterioso ni inasequible al saber de la ciudadanía en los asuntos de la economía y mucho menos cuando se trata de escoger entre opciones que tienen claras consecuencias sociales. A estas alturas del partido ya es de dominio público que subir el IVA y bajar el impuesto de sociedades es una opción que no responde a la racionalidad económica sino a una apuesta a favor de los poderosos, por ejemplo.  

Sin alternativas de izquierda crece la ultraderecha

Por todo ello la realización el referéndum ha sido un gesto de afirmación de soberanía, pero no para debatir sobre fronteras o agravios con otros estados, sino para reivindicar la capacidad y legitimidad de sus sociedades para decidir sobre medidas económicas y como les afectan. Aunque insuficiente, ha sido un ejercicio de soberanía social sobre quién ha de pagar la crisis y sobre todo sobre cómo salir de ella. La táctica de los troikistas ha sido la de insistir por activa y pasiva en el mensaje de que esos asuntos sólo se pueden decidir por arriba, entre gente que sabe y que está cerca del poder. Una consecuencia perversa de este ninguneamiento de la soberanía es la reafirmación chovinista, caldo de cultivo de los movimientos y partidos xenófobos y de ultraderecha. Estas fuerzas políticas quieren dirigir la frustración de los sectores populares, ante la evolución a peor de  los  problemas que le afectan, en contra de la parte más débil de la sociedad o hacia enemigos exteriores. Es el caso, por ejemplo, de Finlandia que actúa con agresividad extrema contra Grecia debido a la presión de los Verdaderos finlandeses, partido cuyo nombre ya canta su ideología racista y que participa en la coalición gobernante en su país. El crecimiento de la reacción xenófoba está favorecido por la debilidad de las alternativas de izquierda y especialmente por la degradación de la socialdemocracia europea, que era identificada como el referente “progresista”, mayoritario cuando no único, en la mayoría de las sociedades europeas. La actuación y posicionamiento del presidente del SPD alemán Sigmar Gabriel, del presidente del parlamento europeo Martín Schultz y de Jeroen Dijsselbloem presidente del Eurogrupo,  en los días previos al referéndum, han sido infames y opuestas radicalmente no sólo a la solidaridad entre los pueblos sino a las prácticas democráticas. Es cierto que han aparecido divisiones en el bloque socialista europeo con críticas contundentes a esos dirigentes, reacción natural, e incluso de supervivencia, ya que ese entreguismo a la ideología y práctica neoliberal niega su misma razón de ser y les conduce a la desaparición.    

Los problemas siguen, cuando no aumentan. La lucha continua

El movimiento sindical europeo por su parte ha mostrado su solidaridad con el pueblo griego, el comunicado conjunto de los sindicatos alemanes y griegos ha sido ejemplar en este sentido. Frente a las maniobras de acoso y derribo al Gobierno griego, desde el sindicalismo se le ha manifestado apoyo y se ha reclamado una renegociación más justa y razonable. Y es que el trabajo, su calidad, su remuneración, así como los derechos conseguidos por la movilización de las personas trabajadoras estaban en el centro del conflicto griego. Lo que está sucediendo estos días pone de manifiesto la necesidad y urgencia, que tienen los pueblos del sur de Europa, de limitar la capacidad de maniobra de la troika, de consolidar y agrandar los espacios de poder social. Los sindicatos, la acción sindical en defensa de los derechos laborales y de un trabajo digno, necesitan espacios de soberanía social para revertir, aunque sólo sea parcialmente, las políticas de la falsa austeridad, conseguir pequeñas conquistas, recuperar y ampliar su base social. Por otra parte, la crisis en que se encuentra el proyecto europeo exige más que nunca una política sindical que tenga en cuenta los intereses del conjunto de los trabajadores de la Unión.  
Ahora bien la lección más dura de estos días es que la razón si no está apoyada por una buena correlación de fuerzas tiene muchos números de ser derrotada, o quedar muy maltrecha. El enfrentamiento entre Grecia y la troika ha evidenciado una tremenda desigualdad de poder y sobre todo de la capacidad de dañar al adversario. Es por ello que cualquier propuesta de cambio de las políticas económicas y del status europeo que quiera ser efectiva, ha de estar preparada para resistir y vencer una ofensiva de violencia brutal. Lo que sucede hoy en Grecia plantea la urgencia de avanzar en la confluencia de las fuerzas de la izquierda social y política del sur de Europa y en la política de alianzas en toda la Unión. Así mismo, nos enseña la necesidad de desarrollar políticas y alternativas unitarias, de querer y saber agrupar la diversidad de respuestas a la agresión neoliberal, así como de fortalecer el poder social. 
(publicado originalmente en Tribuna Digital) 

 

jueves, 9 de julio de 2015

El duelo Grecia-troika, una cuestión de soberanía social

En el corto periodo de tiempo transcurrido entre la convocatoria del Referéndum griego sobre las propuestas de la troika y su realización, nos hemos visto instalados en un escenario de confrontaciones, amenazas, chantajes, que, más que a una tragedia griega, nos remitía a un duelo de western.

Aunque también ha habido mucho  del Dashiell Hammet de Cosecha Roja, con su abuso de poder, lucha  por el mismo y mucha violencia, aunque sea simbólica; o no tanto, porque la perdida de derechos  y el deterioro de las condiciones de vida son muy reales. Como en las grandes novelas del género negro, lo sucedido en estos días nos recuerda que detrás del crimen está la codicia y la conquista de poder para seguir alimentando ese monstruo insaciable.

Volvamos al western y a ese gran desafío, que algunos han querido convertir en extravío, lanzado por el gobierno griego: reivindicar y hacer efectivo el derecho de la ciudadanía a decidir sobre temas económicos que les afectan por su indudable repercusión social.  El 5 de Julio de del 2015 las urnas griegas han sido el espacio en que se ha realizado una dramática actualización de Sólo ante el peligro, aunque en este caso no ha sido un individuo ha sido un colectivo la que se ha enfrentado y derrotado a una coalición de intereses elitistas. Los mismos que desde múltiples posiciones han disparado con ganas de matar, de destrozar más que derrotar, al gobierno griego. Y al hacerlo, al oponerse con tanta agresividad, han evidenciado no sólo la virulencia de  la lucha de clases en Europa sino que han puesto en cuestión el concepto de soberanía de los estados y de las sociedades que conforman la Unión Europea
Un gesto de soberanía del pueblo griego


De lo que ha sucedido estos días se desprende con claridad que para los poderes económicos, y sus acólitos en las instituciones europeas, los estados tienen una potestad muy restringida sobre su presente y próximo futuro económico. Hay cuestiones que sólo se deben decidir en los mercados, aunque en realidad lo que quieren decir es que hay cuestiones que sólo pueden decidir los capitales especulativos que controlan los mercados, y sus servidores.

Para definir este nuevo status que excluye la soberanía social , Rafael Poch ha recuperado con gran acierto, en su blog Diario de Paris, el concepto de soberanía limitada del bloque del Pacto de Varsovia.  A lo mejor la reacción de muchos “gobernantes” europeos, que después del triunfo del OXI han clamado por el grexit, se debe al enfado de verse retratados como simples, pero obedientes, virreyes.

Es la soberanía social, ¡ molt honorable!

El gobierno griego con la convocatoria del referéndum no sólo ha cuestionado esa limitación de la soberanía, sino que ha puesto en evidencia que no hay independencia política sin soberanía social. Que la capacidad de decidir  sobre lo social es la clave de una auténtica independencia en la Europa actual. ¿Que soberanía es la que no puede decidir sobre sus pensiones, sus impuestos y como gestionar su deuda? De esta forma el conflicto social se sitúa en el centro del debate político y económico, lo que sin duda tendrá  incidencia en las elecciones catalanas.

 Artur Mas,  al que ya se le cruzó una huelga general en unas elecciones en las que iba a arrasar y le dejaron tocado, ve como el conflicto social vuelve a la centralidad de la que tanto había hecho para desplazarlo. Y con ello se impone la perspectiva social sobre el sentido y dimensión de la soberanía.

Recordemos que el molt honorable pedía, el 16 de junio del 2012, al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que aplicase “pronto” las medidas propuestas por el FMI, que incluían la subida del IVA y recortes en los sueldos de los funcionarios. "Son medidas que requieren coraje, valentía, pero háganlo”, clamaba exigiendo esa extraña valentía que consiste en ser fuerte con los débiles y servicial con los poderosos. Estas palabras, que vibran de entusiasmo ante la perspectiva de reducirnos a la condición de súbditos de la troika, evidencian la condición y los límites de su independentismo.


Pepe Gálvez

(Artículo publicado originalmente en Nueva Tribuna)

lunes, 29 de junio de 2015

Amenazan con el caos para imponer la ruina

La crisis de la deuda griega se ha convertido en la crisis de la democracia en Europa. Las élites al mando de la troika han boicoteado una negociación en la que estaban en cuestión las condiciones de vida de la mayoría de la población, y sobre todo de los mas débiles; y lo han hecho porque sólo la entendían como imposición. Sus propuestas de devaluar las pensiones, la capacidad adquisitiva (mediante la subida del IVA) y negarse a reestructurar un deuda ilegitima, responden a un posicionamiento clasista, elitista y carente de una mínima empatía social. 

Su ofensiva contra la decisión del gobierno griego de convocar un referéndum, para que su ciudadanía exprese su posición sobre la última oferta de la troika, responde a una concepción autoritaria, déspota, del gobierno de las sociedades. Despotismo presente desde siempre en la ideología neoliberal, que cree que la gestión de la economía y de la política, sometida a aquella, sólo puede ser comprendida y asumida por una minoría. 

La crisis estalló porque se eliminó o restringió radicalmente el control democrático, es decir desde entidades elegidas y responsables de sus actos ante la ciudadanía, de las actividades especulativas del capital financiero. Resultó que la minoría que dominaba el mundo de las finanzas y la tecnocracia que la apoyaba en las instituciones internacionales como el FMI y en los gobiernos de las naciones del primer mundo, demostraron ser nefastas en la gestión de la economía , además de un fraude social de índole criminal. 

Pero la gestión de la crisis que ellos mismos provocaron ha acentuado su poder y con él su desprecio hacia no sólo el contenido, sino también a las formas de la democracia. Y ello se produce, paradójicamente, en el momento de la historia en el que el la democracia está más extendida y asumida como forma de organizarse y gobernarse las sociedades. Aunque también es cierto que en las tres últimas décadas anteriores al estallido de la crisis, se había producido un proceso de reversión hacia la desigualdad, hacia la división de la sociedad en bloques, hacia la marginación y estigmatización de los sectores más débiles de la clase obrera. Y la desigualdad es incompatible con la democracia, por que supone negar la igualdad ciudadana, objetivo común de todos los movimientos reaccionarios que han sido, son y serán.

El crecimiento económico, con el aumento engañoso de la capacidad de consumir, fue la base material sobre la que se asentó la desigualdad y el asentimiento social a la degradación de la política. En ese contexto, la construcción europea, se ha vertebrado bajo la hegemonía de los intereses del poder económico y ha acumulado  un gran déficit democrático. El funcionamiento de sus instituciones otorga un gran margen de maniobra a los intereses particulares organizados en lobbies, aleja de la ciudadanía muchos ámbitos de decisión; mientras que las instituciones nacionales, que son las potencialmente más controlables, tienen cada vez menos poder. Sólo así se puede entender que el chantaje, que un grupo minoritario impone al gobierno democráticamente elegido de una nación, tenga el aval de unas instituciones, aunque al hacerlo se nieguen a si mismas el carácter democrático. 

La actuación de la troika, hace evidente que Democracia y dominio de la política por el capitalismo financiero son incompatibles, sólo pueden convivir cuando la Democracia se limita a avalar lo que las élites deciden; es decir, se desvirtúa. Su agresivo sentido de clase, su concepción destructiva de los recursos naturales, su insaciable codicia, unidas a la impunidad con que han actuado hasta ahora son el enemigo más temible de la Democracia, entendida como soberanía popular, como ejercicio igualitario de derechos y deberes por el conjunto de la ciudadanía. Ahí está está el actual huevo de la serpiente.

La Democracia no es un estadio al que acceden las sociedades y se desarrolla continuamente, más bien al contrario, está continuamente amenazada de  anulaciones y regresiones, y ahora vivimos en una de ellas. Por eso, hoy hay que defender la Democracia, hay que neutralizar con urgencia el poder del capitalismo financiero y más urgente aún hay que crear un fuerte movimiento de solidaridad con el Gobierno y con la mayoría de la sociedad de Grecia.


Pepe Gálvez

(Artículo publicado originalmente en Nueva Tribuna)

jueves, 25 de junio de 2015

Asedio a la democracia

La Troika contra Grecia.

En toda negociación hay objetivos diversos, hay intereses publicitados e intereses ocultos o disimulados,  correlaciones  de fuerza, capacidad de presión y de resistencia, y hay una variedad de soluciones para un mismo tema con diferentes repercusiones.

En las negociaciones entre la Troika y el gobierno griego, se parte de  un supuesto objetivo común: ajustar la economía helena, y de una real confrontación de visiones  de cómo hacerlo, de cómo se reducen gastos e incrementan ingresos y de cómo se reestructura la deuda. Un ejemplo claro: El FMI abandera con claridad la posición de cargar el coste en las pensiones, mientras que el gobierno griego defiende incrementar la imposición tributaria de las rentas más altas . Y este es el gran cambio: se ha escenificado que hay diferentes alternativas sobre como salir de la crisis. Cosa que no había sucedido ni con los gobiernos griegos anteriores, ni con los de Portugal, Irlanda, Italia, Francia y España.  Por eso esta negociación tenía un significado especial, ha sido la primera vez que se ha debatido lo que se creía dogma de fe.

Y en esta confrontación han mostrado sus vergüenzas unos cuantos. Así, hemos comprobado la intransigencia y agresividad de Lagarde y Schauble, exponentes de una elite tecnocrática que desde organismos internacionales ademocráticos, cargos técnicos y ministerios económicos pretenden imponer sus criterios, muy, muy coincidentes conlos intereses del capitalismo financiero especulativo. No hay que olvidar el uso y abuso de la puerta giratoria entre altos cargos de empresas financieras y responsabilidades políticas.  La impunidad con que actúan favorece su agresividad, se juegan poco, no asumen responsabilidades por sus errores  y siempre tienen una alternativa profesional con altas remuneraciones aseguradas. La izquierda social y política debería plantearse la necesidad de reducir ese alto margen de impunidad y hacerles pagar, por lo menos, un alto coste reputacional. 



Quizás sea tiempo de recuperar el sentido del que fue Tribunal de los pueblos, para juzgar a los responsables de la crisis y de su gestión por actos criminales contra importantes sectores de la ciudadanía.

Otros que se han lucido han sido los gobiernos y partidos apellidados socialistas, que han optado mayoritariamente por ponerse de perfil . Más explícito ha sido el presidente de la socialdemocracia alemana Sigmar Gabriel: “No dejaremos que los trabajadores alemanes y sus familias paguen por las promesas electorales desorbitadas de un gobierno en parte comunista”. Estas declaraciones, que Ricard Bellera reproduce en su blog, nos retrotraen a una época en la que la socialdemocracia apoyó el enfrentamiento , incluso armado, entre la clase obrera de los diferentes países de Europa.

Hay razones oportunistas y egoístas para esa posición no solidaria como : el miedo a que surja una alternativa en la izquierda que ponga en evidencia su claudicación o el burdo intento de competir con el populismo de extrema derecha en el campo de la defensa de los derechos “nacionales. En cualquier caso es lamentable y autodestructivo, porque reducen radicalmente su capacidad reformadora en el contexto europeo y con ello su misma justificación como fuerza política.

A la lista de los que han quedado retratados con detalle, hay que añadir  los medios de in-comunicación,  que han ofrecido  información parcial desde el principio, jaleando en su momento a amenaza del grexit, salida de Grecia del euro, parecía como si siguieran un guión escrito de antemano en el que fin previsto tenía que ser si o si la rendición del gobierno griego ante la Troika. 

¿Tendrá algo que ver con esta parcialidad el hecho de que la banca sea accionista de la gran mayoría de ellos?

Para contrarrestar esta manipulación informativa recomiendo la lectura del razonado artículo de Ernest Urtasun
eldiario.es/euroblog/exigencias-Eurogrupo-Troika-Grecia-irrazonables_6_400769921.html

La intervención de Varoufakis ante el Eurogrupo

y una un acertado análisis de agenda pública sobre la situación de las pensiones en Grecia

 http://agendapublica.es/grecia-y-sus-pensiones-algunas-aclaraciones-necesarias/