jueves, 10 de diciembre de 2015

Vacíos electorales que anuncian al tío Paco con la rebaja

Ya estamos en plena campaña electoral y el tratamiento que de ella nos transmiten la gran mayoría de los medios y las redes, especialmente en el uso y abuso de las encuestas, nos recuerda cada vez más a la prensa del corazón.
¿Después del 20D?
Sufrimos el dominio de la política espectáculo, de la subordinación a la frase, al gesto generador de titulares o a la situación que produce morbo. Así, el instante inmediato se impone, en las noticias y artículos, como una capa de frivolidad que enmascara la gravedad de lo que nos espera tras el 20D. Pero ahí está la Comisión Europea que, al reclamar una nueva reforma laboral, nos manada un recado de quién manda, o mejor dicho quién está más cerca del que de verdad manda, o sea del poder económico. Es la misma Comisión Europea que guarda silencio discreto y cómplice respecto de los presupuestos electoralistas del PP; la que calla sobre su presunto incumplimiento de las normas de estabilidad, esas que ella ha convertido en dogma de obligado cumplimiento. De todos modos, hay que agradecerles que nos recuerden dónde estamos y que nos espera. Estamos inmersos en la crisis sin esperanza de salir a corto plazo y nos amenaza la aplicación de nuevos recortes en nombre de la falsa austeridad, que sigue siendo el peligro más grande para el bienestar y los derechos de la mayoría de los votantes. Sin embargo, en la campaña electoral apenas se habla de cómo enfrentar ese futuro próximo, y mucho menos de cómo neutralizar la política económica dominante. Las escasas referencias a la necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo económico, se llenan de neutros lugares comunes: educación, investigación… No mejora mucho la cosa con la nueva izquierda,  Xavier Doménech, por ejemplo sólo añade unas insuficientes notas diferenciadoras: ecología y economía social. De este modo, se conforma un relato ficticio que nos promete mejorar de nuestra sin tener que superar duros conflictos de intereses, sin enfrentamientos con el poder económico y sin la vieja, pero permanente, lucha de clases. Con ello, se desdramatizan las elecciones y hasta es posible que se atraigan a más votantes, pero también que se generen posteriormente, en enero sin ir más lejos, más decepciones y confusión. Y no estamos muy sobrados de claridad, como evidencia el alto porcentaje de indecisos con el que el CIS dice que se inicia la campaña indicador de una  sociedad, consciente de vivir una situación insostenible pero sin tener claro ni el diagnóstico ni las medidas para salir de ella.  
La invisibilidad del trabajo
Otra gran zona de sombra electoral, es la que se proyecta sobre el mundo del trabajo. Si fuéramos alienígenas recién aterrizados en nuestra sociedad y nos guiáramos por los debates y la campaña electoral y como (no) tratan los problemas laborales. sacaríamos la sensación de que aquí, la gente o vive de rentas o vive feliz con su trabajo. La realidad es muy otra: ni paraíso laboral ni natación en la abundancia sino pobreza y malestar crecientes. La bajada de salarios ha sido general y sólo se han salvado de ella sectores minoritarios, el desempleo se extiende casi a la misma velocidad que el trabajo precario y las pensiones y los servicios básicos se han encarecido mientras la desigualdad  no sólo aumentaba sino que lo hace de forma muy ostentosa. Añadamos, que las pensiones, que se han convertido en el principal sustento de las redes de solidaridad familiar, se ven amenazadas por la triple amenaza de la gestión depredadora del PP, la codicia de la Banca y la precariedad que genera el actual modelo económico. Todo ello fruto de una política económica concreta y de una ofensiva política y legislativa claramente orientada a debilitar el poder sindical, la negociación colectiva y los derechos de las personas que viven de su trabajo, no del de los demás.
Hay alternativa
La continuidad o no del actual modelo económico y la centralidad o no del mundo del trabajo son dos aspectos de otra disyuntiva: Avanzar en democracia económica o retroceder en libertades y derechos. El hecho de que esos dos temas tan centrales aparezcan sólo de forma colateral en los debates supuestamente decisivos, junto con la ausencia de la alternativa política que se posiciona más claramente en contra del status dominante, es un claro indicativo de por donde van los designios del poder económico: asegurar la continuidad en lo esencial mediante retoques en lo accesorio. Lo contrario que debe plantearse cualquier opción que quiera representar y defender los intereses de la mayoría de nuestra sociedad que ha de ser: atender las necesidades urgentes con medidas que impliquen cambios de fondo en la estructura y las relaciones de poder de la economía. Desde esta perspectiva hay que convertir la campaña en una movilización para conseguir que el escenario político conformado el 21D sea lo menos favorable a los intereses del Ibex35. Lo que se traduce en dos objetivos complementarios: que la suma de votos y diputados de PSOE, Podemos, Coaliciones de izquierda e IU sea superior a la de PP y Cs y que Izquierda Unida resista el embate de enemigos y “amigos”  y mantenga suficiente capacidad de intervención.

(publicado originalmente en Nueva Tribuna)